sábado, 12 de mayo de 2007

Abuela


Abuela

Madre soltera adolescente en la noche del tiempo

hija del campo pobre y laborioso

semialfabeta por milagro

en un lugar y época en que las mujeres debían aprender

únicamente

los oficios domésticos.


Apenas sobrepasaba la miseria

con su oficio de yerbera partera mortajera cocinera costurera . tamalera tortillera lavandera/

juntando centavo tras centavo

en su puño apretado

que no se permitió ningún pequeño gusto

para tener segura

la tortilla de cada día de sus hijos.

Mas tuvo que correr demasiado y sin tregua

con sus pobres recursos de madre soltera

adolescente y semianalfabeta/

y olvidó

vivir.


Ahora paralizan su forzada carrera

dolores incansables de los huesos y el alma,

voltea

se examina por dentro

sopesa el recorrido

recuenta los momentos que dejó de vivir

por emplumar la dicha de los hijos y nietos;

observa que no tuvo que ser por fuerza así

que tal vez debió aflojar un poco el puño

que tal vez debió escuchar la vez que el amor

llamaba nuevamente

que tal vez no debió purgar su vida entera

el pecado

de ser madre soltera

en una época en que la mujer tenía el único derecho

de autosacrificarse por los hijos.


Ahora

se le olvidan las cosas

se pierde a la vuelta de la cuadra

no mira bien, no quiere usar anteojos

no acepta que necesita ayuda,

reniega con frecuencia

se enoja de repente

y acribilla con las mismas historias sobre la ingratitud

de su familia y de su hijo

-con quien ella esperaba vivir en su vejez-

a todo aquél que tenga las orejas a tiro.

Ahora tiene un tumor de soledad

tan enorme

que es insufrible a veces.

Pero es la abuela

la mujer que nos cuidaba cuando mi madre

andaba en la rebusca/

la persona que dejó de vivir

por emplumar la vida de su hijo y sus nietos

el ser humano que nos salvó en la parte más dura

de mi historia

cuando yo era también madre soltera y no tenía

quien velara el delicada fuego de mi hijo

mientras yo andaba en el trabajo

en la rebusca del alimento y de la dignidad

que como ella no he transado jamás;

y cómo no quererla con todo y sus defectos

cómo no proponerle que viva en mi casa con mis hijos

aunque sepa que es imposible algunas veces,

cómo no desear llevarla conmigo a todas partes

como se lleva un pajarito frágil y tiritante,

cerca del corazón,

para que se desinflame el enorme tumor de soledad

que me le amarga la felicidad que ahora podría cosechar

si aceptara

que ya no hay marcha atrás

que no vivió su juventud

que el tiempo se le va

pero que tiene aún por qué vivir

y que, a pesar de sus defectos y los nuestros,

donde esté la acompaña

nuestro amor.



(Del libro: El Amor y sus Iras)

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